Sin dudarlo ni un solo segundo busqué el nombre de Louis en
la agenda del móvil y pulsé la tecla de llamada.
Un pitido.
Dos.
Sentía la mirada preocupada y dolorida de Zayn sobre mí,
acompañada de la de su hermana Paula. De repente, escuché su voz.
-¿Quién es? – Al principio me pareció que era una confusión
mía, que por culpa de los nervios no sabía bien lo que oía, pero no me estaba
equivocando. Louis estaba llorando al otro lado del teléfono.
-¿Louis? ¿Estás ahí? ¿Qué ocurre? –Estaba casi gritando, de
los nervios supongo.
-Ruth, necesito que vengáis lo más rápido posible, de
verdad, ha ocurrido algo, venid. –Louis no dejaba de llorar, pero no era un
lloro, era más bien el intento de contener unas lágrimas que brotaban de sus
ojos.
-¿Qué ocurre?
-Estábamos en la plazoleta cercana al colegio, con la moto
de mi hermano. Nos lo pasábamos genial, Liam estaba conduciendo y yo sentado en
un tranco mirando cómo cogía las pequeñas curvas. Todo estaba bien hasta que
apareció un coche de una esquina y se llevó a Liam por delante. Yo estaba muy
asustado, no sabía que hacer. Venid por favor.
Sentí un pinchazo en el corazón. Recuerdo que una vez en
biología hablamos de que cuando te dan pinchazos es porque una burbuja de aire
se ha metido entre tus pulmones. Pero en esa ocasión estaba segura de que el
pinchazo era de dolor, de miedo. Agarré a Zayn de la mano.
-Tenemos que irnos, al hospital, te lo cuento por el camino.
Al llegar, preguntamos a una enfermera, pero antes de que
nos pudiera responder escuchamos a Louis detrás de nosotros. Lloraba, lloraba
mucho, como si fuera lo último que fuera a hacer. Simplemente, al llegar, lo
abrazamos. Todos estábamos en una especie de shock.
-Debemos esperar a que el médico pueda darnos una noticia. –Pronunció
sin fuerzas. Entonces vi aparecer por la puerta de cristales a Niall, a Harry,
a Laura y a Marta.
Las horas siguientes fueron las peores que había pasado en
mucho tiempo. Me tomé tres cafés de una máquina situada al lado de la entrada. Niall
parecía en otro mundo, a pesar de todo lo que estaba pasando no me había
dirigido la mirada, ni siquiera me había saludado o mirado. Quizás con la carta
lo fastidié todo, o quizás él había pasado página, o nunca había empezado
aquella página. Pero aquel pensamiento no era el más importante que tenía en
ese momento, habían pasado tres horas y cuarto y todavía no había noticias. Entonces
vi aparecer a un médico alto, con una bata blanca y que se dirigía hacía
nosotros. Sin pensarlo ni un segundo todos nos levantamos, ansiosos de
noticias, ansiosos de buenas noticias.
-Hola chicos, tengo algo que deciros. Liam ha sufrido un
grave accidente, ese coche impactó directamente contra él. Su cerebro ha
reaccionado de la mejor manera, se ha bloqueado, como un ordenador, simplemente
se está protegiendo. Esto quiere decir que ha entrado en un estado de coma, y
que no sabemos cuando puede despertar, quizás mañana, quizás nunca. Por ahora,
podéis verlo, está en esa habitación. Sed fuertes.
Mi reacción fue espontánea, salí corriendo encaminada hacia
aquella habitación de hospital. Golpeé la puerta con fuerza y entré.