sábado, 23 de febrero de 2013

Necesito tu sonrisa para sonreir. Capitulo#1

Hay cosas que pasan porque tienen que pasar, porque están escritas en el destino, porque el tiempo a decidido que tienen que suceder un día, y que ese día, lo vas al recordar siempre. Esas cosas están predecidas y por mucho que hagas para cambiarlas no lo vas a conseguir nunca. Esas cosas se asemejan a aquellas mañanas en las que no quieres salir de casa, en las que te as levantado para ser un bulto en el camino y nada más, pero de repente una noticia o algo hace que cambies de opinión y que salgas a la calle a demostrarle al mundo que sigues hay y que no nada ni nadie que te vaya a aplastar nunca. 
Ese día, en el que creía que iba a estorbare a todo el mundo, era un día normal, en el que te levantas para ir al instituto, desganada desayunas coges la mochila y sales por la puerta, con la mentalidad de que va a ser un mal día. Llegue al instituto con dos amigas mías, por el camino habíamos hablado de lo típico, el tiempo, los deberes y los exámenes, nada fuera de lo común, parecía que ese día todo iba a salir mal, porque nada más llegar a clase el profesor ya estaba mandando deberes y corrigiendo a toda velocidad. Luego lengua, pf, el día pasaba lento, los minutos se hacían horas interminables. Recreo, primer recreo, el típico ambiente de mitad de semana que a nadie le gusta, la gente bosteza, habla de exámenes, y se queja de los deberes pero nada fuera de lo común. Mis amigas y yo sujetábamos nuestros bocadillos en la mano, y hablamos de lo dura que iba a ser la semana etc. Como cada primer recreo nos disponíamos e íbamos al baño del instituto, en el que cada mañana nos encontrábamos con la misma gente yendo y viniendo. Era monótono. Pero algo cambió, mientras mías amigas bromeaban sobre un niño que según ellas me quería y se reían con sus risas escandalosas por el camino del baño al patio, lo vi. Ellas también lo vieron. Imnotizaba, sus ojos azules destacaban a metros de distancia. Entre una reunión de niños estaba él, lo primero que se me ocurrió al verlo fue que de que cuento de hadas lo habían sacado, en serio, era el típico principito que cualquier princesa quiere en su castillo. A mis amigas no les llamó tanto la atención, pero a mi me dejo marcada el resto de la mañana, y el resto de la vida creo yo. Alto no, altísimo, llevaba una sudadera blanca bastante bonita, era muy rubio, y le favorecía demasiado el blanco. ¿Los ojos? Más azules no los he visto en la vida. ¡Ostia! Me estaba mirando, y yo allí plantada como una idiota. Aparte la vista, a duras penas, era increíble.

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