En la vida, hay dos tipos de
personas, aquellas que llegan y pasan de largo, no se quedan mucho tiempo, y
realmente nunca te das cuenta de que están ahí. Y luego está el otro tipo: esas
que entran en tu vida y que te marcan totalmente, que entrar para no irse, ni
tampoco para quedarse. Después de aquella noche de lloros y lamentos, había
llegado a una conclusión, Niall era del segundo grupo de personas, de ese que
me iba a marcar la vida, quizás para siempre o quizás no. Todo lo que sabía en
ese momento era que no quería saber nada más, de nadie, no volver a salir de
aquella pequeña habitación que me había acompañado tantos años eras lo mejor,
pero bueno ya eran las dos y media de aquel domingo, justo cinco días desde que
lo ví por primera vez, el móvil me había sonado dos veces, pero yo no había
contestado ninguna. Mi madre entró a la habitación.
-Ruth, sal ahora mismo de la
cama, no puedes tirarte ahí todo el día. –Subió la persiana, abrió la ventana y
tiró de la manta hasta destaparme por completo.
Me decidí a enfrentar mi vida,
saliera como saliera, me vestí, me lavé la cara, y me pinté un poco los ojos,
hinchados por las lágrimas. El móvil sonó de nuevo, pero esta vez era un
mensaje: ¨ ¿Podemos hablar? Llamamé por favor, Liam P.¨ Era muy bueno conmigo y
la verdad, desconocía la razón. No tenía ánimos para llamar así que decidí
esperarme un poco. Salir a dar una vuelta sería lo mejor. Me puse el chaquetón
y anduve, sin un punto fijo hasta donde iba, pensaba en todo lo que había
pasado, me torturaba a mi misma. Decidí llamar a Liam, marqué el número y esperé.
-Por fin llamas, ¿Cómo estás?
Necesito verte.
-Hola Liam, tranquilo, no estoy
mal, estoy despejándome, dando una vuelta.
-¿En el parque? –Su voz sonó
segura, intrigante, contesté con un siempre ¨ Sí ¨ -Bueno, tengo que colgar,
ahora hablamos.
¿Me había colgado? Ahora hasta
Liam pasaba de mí, seguí andando, y de repente otra lágrima, pero esta no era
solo por Niall, del que claramente estaba totalmente enamorada, esta lágrima
era por todo, era por la sensación de impotencia que sentía, por el leve pensamiento
de que el mundo se me venía encima, y que yo no podía pararlo. En cuestión de
unos segundos sentí que alguien me llamaba, era Liam, que venía corriendo hacia
mí, se paró a dos metros más o menos, y al verme llorar me abrazó. Ese chico me
hacía sentir mucho mejor, era increíble, pero en unos minutos ya tenía las lágrimas
secas.
-No quiero verte así, mejor dicho
no puedo verte así. Eres una chica muy especial, que me ha demostrado que
querer no solo consta de tiempo, y no quiero que sufras.
La semana siguiente, fue una
semana normal, intenté no preocuparme de Niall, me centré en los exámenes, me
iba todos los recreos con los chicos, y poco a poco también iba afianzando una
buena amistad con Louis, Harry y Zayn. La semana no fue buena del todo pues
hubo roces, entre Niall y yo, el me hablaba y yo lo evitaba, no era por que no
quisiera hablarle, si no porque estaba intentando olvidarle. Todo iba bien,
hasta que esa carta llegó a mi casa. Creo que eso iba a cambiar muchas cosas.
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