¡Buenos días dormilona¡ –Abrí levemente los ojos, era Marta, una de mis mejores amigas, morena alta con unos ojos oscuros preciosos. –Venga ya hombre, que tu madre me ha dicho que no te acostaste muy tarde, que te levantes ya.
-Qué pesada eres tía, mi madre ni sabe cuando me acosté. –Tenía toda la razón, me había tirado dando vueltas en la cama hasta las cuatro y pico. -¿Qué haces aquí?
-Bueno, como ya sabes no entiendo este tema de naturales, y esperaba que te ofrecieras a explicármelo ¿No? Esta tarde, ¿Puedes?
-Ya que estás aquí podría explicártelo ahora.
Me vestí rápido y me puse a explicarle la parte física a Marta, a pesar de que estaba más o menos concentrada mi cabeza solo tenía en mente que esta tarde lo iba a volver a ver, que esta tarde podría volver a sentir eso que sentía cuando lo miraba. Las horas pasaron rápido, y a las dos y cuarto Marta se fue de casa, con la lección aprendida. Como era costumbre los sábados comíamos pronto, así que a las tres nos sentamos todos en la mesa, mi hermano mis padres y yo. Nada más acabar subí a mi cuarto y cogí el móvil, en la pantalla apareció la foto que le eche, al salir de su casa, no me había dado cuenta hasta ese momento de lo bien que salía. A las 8 y cuarto debía estar en la dirección que ayer me había mandado, así que a las cinco entré a la ducha, me lavé el pelo, me lo sequé y recogí en un bonito moño bastante arreglado. Tenía una gran duda, ¿Me arreglaba mucho para ir a la fiesta? Bajé al cuarto de mi madre y le cogí unos zapatos preciosos que tiene, los combiné con unos pantalones negros muy cortos, una camisa roza y un collar. Solo eran las siete y yo ya estaba preparada. Para que el tiempo pasara un poco más rápido salía a dar un paseo. Solo podía pensar en una cosa, bueno, más bien en una persona, una persona que se había colado en mi cabeza y que no paraba de dar vueltas. Sin darme cuenta, las ocho en punto, aligeré el paso y me dirigí a la fiesta, había anochecido ya, y al llegar era un local amplio, en el que había bastante gente, por lo normal iban arreglados, pero yo iba bien. No veía a los chicos por ninguna parte, que raro, de repente escuché algo.
-Bien venidos a la fiesta de apertura de este nuevo local, para empezar tenemos un poco de música, que disfruten. –Yo creo que era el dueño del local.
De repente la gente empezó a aplaudir, yo no sabía a qué hasta que me giré y ví un gran escenario con luces de todos los colores. Empezaron a entrar los cinco, Louis, Harry, Liam, Zayn y el último él, mi Niall. Saludaron y empezaron a cantar. Dios mio, no tenía ni idea de lo bien que cantaban, estaban interpretando un tema bastante conocido, ¨Forever Young¨ y lo hacían demasiado bien, estaba mirando a Niall, cuando de repente mientras cantaba su parte me miró, sonrió y siguió cantando, fue el momento creo más bonito de mi vida, cuando acabaron aplaudimos y ellos bajaron del pequeño escenario en medio del local.
-Ruth, estamos aquí. –Oí la voz de Liam, al girarme los vi.
-¡Dios mio! Cantáis genial, enhorabuena. –Los abracé, al abrazar a Niall olí su perfume, el mismo de ayer, lo miré a los ojos y fue algo extraño, a la vez bonito, pero que no había sentido nunca. Fuimos a un lugar más tranquilo del local y nos sentamos en una bonita mesa, allí esperaba una chica rubia, pequeña.
-Ruth esta es mi novia, Laura. Laura, esta es Ruth. –Saludé a la novia de Harry con un corto beso en la mejilla, hacían muy buena pareja. Todos se fueron a pedir algo a la barra pero yo no tenía ganas de tomar nada.
-¿No vienes Ruth? Me preguntó Zayn. –Al responder que no, Niall se ofreció a quedarse conmigo.
Estábamos los dos, sentados uno junto al otro, de repente, empecé a oler de nuevo su perfume, creí que iba a marearme, sentía un nudo en la garganta de los nervios.
-Bueno, parece que nos hemos quedado solos Ruth.
Su voz, era demasiado para mí, grave, con un leve acento español, de repente no pude contenerme más, me fui acercando a él, me cogió la mano levemente y cuando me iba a lanzar a besarlo, apareció, apareció ella.
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