Aunque aún era primavera, ya
empezaba a hacer calor, estaba en mi cuarto, sentada, con un sobre grande en la
mano. Pocos minutos antes lo habían colado por debajo de la puerta, con una
inscripción que ponía ¨ A Ruth, ¨. No sabía lo que me podía encontrar dentro de
él, así que comencé a abrirlo lentamente, de dentro se cayó al suelo una
pequeña nota y un folleto. ¿Un folleto? Sí, de una zona de acampadas en la
playa, lejos de allí. No entendí muy bien que significaba aquello hasta que leí
la nota.
¨ Una acampada, todos juntos, lo
pasaremos bien, ¿Te apuntas? Louis T. ¨
¿Estaban locos? Querían hacer una acampada todos juntos, con las chicas y
conmigo dentro de dos días. Me moría de las ganas de pasar aquellos cortos días
en la orilla, con mis mejores amigas y ellos, pero mi duda sobre ir se presentó
cuando pensé que iba a estar cuatro días cerca de Niall, respirando el mismo
aire que él, teniéndole que mirar a los ojos una y otra vez. Decidí llamar a
Louis, tenía que aclarar muchas cosas.
-¡TOMLINSON¡- Grité cuando cogió
el teléfono. –Creo que estáis locos, ¿Una acampada? Solo tenemos dos días para
prepararnos, estáis mal de la cabeza totalmente.
-En realidad, sólo tenemos un día,
si nos queremos ir, tenemos que salir mañana a primera hora, lo siento pero me
equivoqué de folleto.
-¿QUÉ? Madre mía, Louis, yo no sé
si puedo…
-Por favor, Ruth, lo pasaremos
bien, te recogemos a las ocho y media, adiós.- Y colgó. Decidí que lo mejor era
ir, alejarme un poco de esta realidad tan absurda, y bueno, cogí la maleta del
altillo, metí todo lo necesario, incluyendo dos bikinis por si el mar estaba en
calma y algunas sudaderas por si era todo lo contrario. Sin darme cuenta, algo
en mi interior se removía, estaba emocionada por la idea de aquellas
desprevenidas vacaciones, así que intenté llevarme lo necesario para que todo
saliera perfecto.
Viernes, 7:45 de la mañana.
Dios mío, el tiempo se me estaba
haciendo eterno, eterno era poco, llevaba lista desde las siete y media, me había
puesto bastante mona, unos pantalones vaqueros muy cortos y una sudadera ancha,
el pelo recogido en una coleta alta.
Puntuales, a las ocho y media
tocaron al timbre, al salir, Harry me esperaba en la puerta, los demás estaban
dentro de una bonita furgoneta roja, cómo las de los americanos. Todos me
saludaron, me senté junto a Zayn, y la furgoneta arrancó. El trayecto se me
hizo corto, iba escuchando música con Zayn y pensando en aquel bonito fin de
semana que se nos presentaba a todos. Laura, la novia de Harry, con la que me
había hecho bastante amiga, Marta y una amiga íntima de los chicos y ahora
también mía, llamada Minerva, hablaban del tiempo, y de lo que llevaban en la
maleta, y los demás chicos menos Louis, que conducían, cantaban una canción.
Sin darnos cuenta ya estábamos
todos en la playa, dejando los equipajes en una bonita cabaña, y dándonos un
baño, el tiempo era maravilloso. Cominos un poco, y inspeccionamos los
alrededores. No sé cómo, pero el día se pasó más rápido de lo que todos hubiéramos
querido, y es que cómo de estos chicos no te puedes fiar, después de la cena,
empezaron a hacer tonterías en el mar, insistiendo en que nos bañáramos. En un
abrir y cerrar de ojos, Harry tiró a Laura al mar en calma, y Zayn y los demás
empezaron a mojarnos. Mi instinto me hizo salir corriendo de allí, el agua
estaba helada, pero Liam, no quedándose conforme, me cogió de la cintura, me
arrastró hasta la orilla, y ha pesar de mis gritos me metió en el agua.
-Eres tonto, está muy fría
idiota. –Luché para que me dejara salir, pero me tenía atrapada entre sus
brazos, si darme cuenta estaba de frente a él, muy cerca, demasiado.
-Liam suéltame.
-No puedo.
-Si puedes, suéltame, -Repetí.
-Es verdad, si puedo, pero no
quiero.
-Liam estamos demasiado cerca. –No
mentía, para nada, sentía su respiración, agitada.
-Lo sé, y sé que has pasado una
semana difícil, yo organicé todo esto, sé que necesitabas despejarte, salir de
tu mundo un momento, no puedo verte más como te he visto estos últimos días,
sonríe. –No había ni un escaso centímetro entre nuestras bocas, estábamos allí,
pegados, metidos en el agua, con la noche echada encima de nosotros.
-Intentaré sonreír, ¿Va?
-No lo intentes, consíguelo,
necesito tu sonrisa para sonreír.
¿Había escuchado bien? Necesitaba mi sonrisa para sonreír
No hay comentarios:
Publicar un comentario