sábado, 9 de marzo de 2013

Necesito tu sonrisa para sonreír. Capítulo#9


Aunque aún era primavera, ya empezaba a hacer calor, estaba en mi cuarto, sentada, con un sobre grande en la mano. Pocos minutos antes lo habían colado por debajo de la puerta, con una inscripción que ponía ¨ A Ruth, ¨. No sabía lo que me podía encontrar dentro de él, así que comencé a abrirlo lentamente, de dentro se cayó al suelo una pequeña nota y un folleto. ¿Un folleto? Sí, de una zona de acampadas en la playa, lejos de allí. No entendí muy bien que significaba aquello hasta que leí la nota.
¨ Una acampada, todos juntos, lo pasaremos bien, ¿Te apuntas?  Louis T. ¨ ¿Estaban locos? Querían hacer una acampada todos juntos, con las chicas y conmigo dentro de dos días. Me moría de las ganas de pasar aquellos cortos días en la orilla, con mis mejores amigas y ellos, pero mi duda sobre ir se presentó cuando pensé que iba a estar cuatro días cerca de Niall, respirando el mismo aire que él, teniéndole que mirar a los ojos una y otra vez. Decidí llamar a Louis, tenía que aclarar muchas cosas.
-¡TOMLINSON¡- Grité cuando cogió el teléfono. –Creo que estáis locos, ¿Una acampada? Solo tenemos dos días para prepararnos, estáis mal de la cabeza totalmente.
-En realidad, sólo tenemos un día, si nos queremos ir, tenemos que salir mañana a primera hora, lo siento pero me equivoqué de folleto.
-¿QUÉ? Madre mía, Louis, yo no sé si puedo…
-Por favor, Ruth, lo pasaremos bien, te recogemos a las ocho y media, adiós.- Y colgó. Decidí que lo mejor era ir, alejarme un poco de esta realidad tan absurda, y bueno, cogí la maleta del altillo, metí todo lo necesario, incluyendo dos bikinis por si el mar estaba en calma y algunas sudaderas por si era todo lo contrario. Sin darme cuenta, algo en mi interior se removía, estaba emocionada por la idea de aquellas desprevenidas vacaciones, así que intenté llevarme lo necesario para que todo saliera perfecto.

Viernes, 7:45 de la mañana.

Dios mío, el tiempo se me estaba haciendo eterno, eterno era poco, llevaba lista desde las siete y media, me había puesto bastante mona, unos pantalones vaqueros muy cortos y una sudadera ancha, el pelo recogido en una coleta alta.
Puntuales, a las ocho y media tocaron al timbre, al salir, Harry me esperaba en la puerta, los demás estaban dentro de una bonita furgoneta roja, cómo las de los americanos. Todos me saludaron, me senté junto a Zayn, y la furgoneta arrancó. El trayecto se me hizo corto, iba escuchando música con Zayn y pensando en aquel bonito fin de semana que se nos presentaba a todos. Laura, la novia de Harry, con la que me había hecho bastante amiga, Marta y una amiga íntima de los chicos y ahora también mía, llamada Minerva, hablaban del tiempo, y de lo que llevaban en la maleta, y los demás chicos menos Louis, que conducían, cantaban una canción.
Sin darnos cuenta ya estábamos todos en la playa, dejando los equipajes en una bonita cabaña, y dándonos un baño, el tiempo era maravilloso. Cominos un poco, y inspeccionamos los alrededores. No sé cómo, pero el día se pasó más rápido de lo que todos hubiéramos querido, y es que cómo de estos chicos no te puedes fiar, después de la cena, empezaron a hacer tonterías en el mar, insistiendo en que nos bañáramos. En un abrir y cerrar de ojos, Harry tiró a Laura al mar en calma, y Zayn y los demás empezaron a mojarnos. Mi instinto me hizo salir corriendo de allí, el agua estaba helada, pero Liam, no quedándose conforme, me cogió de la cintura, me arrastró hasta la orilla, y ha pesar de mis gritos me metió en el agua.
-Eres tonto, está muy fría idiota. –Luché para que me dejara salir, pero me tenía atrapada entre sus brazos, si darme cuenta estaba de frente a él, muy cerca, demasiado.
-Liam suéltame.
-No puedo.
-Si puedes, suéltame, -Repetí.
-Es verdad, si puedo, pero no quiero.
-Liam estamos demasiado cerca. –No mentía, para nada, sentía su respiración, agitada.
-Lo sé, y sé que has pasado una semana difícil, yo organicé todo esto, sé que necesitabas despejarte, salir de tu mundo un momento, no puedo verte más como te he visto estos últimos días, sonríe. –No había ni un escaso centímetro entre nuestras bocas, estábamos allí, pegados, metidos en el agua, con la noche echada encima de nosotros.
-Intentaré sonreír, ¿Va?
-No lo intentes, consíguelo, necesito tu sonrisa para sonreír.
¿Había escuchado bien? Necesitaba mi sonrisa para sonreír

No hay comentarios:

Publicar un comentario